De sexo casi nunca se habla con los hijos. Muchos padres tienen miedo, también prejuicios. Los chicos aprenden en la calle lo que debería ser discutido en casa. Y luego llegan las sorpresas no deseadas, los traumas insospechados y los lamentos por la información que no se dio o la advertencia que no se hizo. ¿Hasta cuándo? Y se continúan con las dudas si el condón se lava y se puede volver a usar. Yo uso el método del ritmo para cuidarme, pero no sé cuando es mi ciclo fértil. Tengo relaciones sexuales con mi enamorado, pero no uso ningún tipo de anticonceptivo. Las pastillas solo son para las mujeres casadas...
María Raguz ha escuchado estas y otras sorprendentes afirmaciones no de boca de escolares de alguna lejana localidad del interior del país, sino de alumnos de la Universidad Católica, de la cual ella es catedrática. Chicos y chicas que provienen de distintos niveles socioeconómicos y que manejan muy mala información sobre sexualidad. "¿Por qué? Porque la educación sexual nos da libertad de elegir y de cuestionar ciertos discursos de los padres y los maestros, y eso es visto como la semilla para destruir a la familia. La verdad es que sí cambia muchas cosas, pero no para mal, sino para una vivencia placentera e informada", dice la profesora Raguz. Hablar de sexo en los colegios es un tema tabú. Muchas veces relegado a las lecciones de anatomía cuando se trata de explicar la función del aparato reproductor femenino y masculino, o si se habla de la menstruación o del sida. Pero la educación sexual va más allá. Se trata de informar –e incluso preparar– a los jóvenes para el disfrute de la sexualidad y del cuerpo a plenitud y con responsabilidad. Por cierto, responsabilidad implica tener en cuenta la cada vez más alta tasa de embarazos adolescentes, o la incidencia del VIH y el contagio de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), pero también la violencia de género, la trata y prostitución de los jóvenes, la discriminación ante la opción sexual y el aborto. María Raguz, quien desde hace treinta años se dedica a la investigación y la docencia en temas de género y sexualidad, dice que durante años se han llevado a cabo proyectos, programas y experiencias piloto en torno a la educación sexual, pero no han tenido continuidad ni seguimiento, sobre todo porque grupos de poder conservador han buscado estropearlos porque, aun en estos tiempos de libertades, hay quienes piensan que el sexo es sucio, cochino, malo. El Ministerio de Educación diseñó un perfil de política de educación sexual integral inspirada en los enfoque de derechos humanos, equidad de género e interculturalidad, pero no se aprueba ni se implementa. Y esta formación no sólo depende del Estado. Los padres y los maestros son los que más cerca están de los jóvenes y quienes deberían luchar contra sus propios prejuicios y temores. LO QUE TENEMOS ENTRE LAS PIERNAS Daniel Aspilcueta, director ejecutivo de la ONG Inppares, dice que existe una cultura represiva hacia aquello que tenemos entre las piernas y que impide una correcta y saludable educación sexual. "Eso no se muestra, no se toca, no se usa, les dicen a los niños. Les inculcan que es de mal gusto preguntar sobre sexo, y menos en público, revistiendo de una connotación sucia y pecaminosa al tema. Pasan los años y los padres se libran de hablar de sexo con sus hijos, y la responsabilidad se la dejan al maestro, quien muchas veces o no está capacitado o también siente vergüenza de hablar de sexo", dice el médico, quien agrega que son los amigos, el internet, las películas y la literatura pornográfica las primeras fuentes de información de los jóvenes. Y sin duda que este es un problema porque el 23% de los adolescentes tienen su primera relación sexual antes de los 15 años, según la Encuesta Demográfica y de Salud (Endes) del año 2000. "Los padres deben asumir una actitud proactiva. Lo que pasa en el típico hogar peruano es que las madres no quieren hablar de estos temas con sus hijas y menos con el hijo varón, y el papá está ausente o juega un rol pasivo. Eso debe cambiar", dice el médico. Una de las grandes interrogantes que existen es la edad en la que se le puede empezar hablar de sexualidad a un niño y, según María Raguz, esta información debería darse desde que el niño va al nido. "La sexualidad está desde que uno nace. Los niños de cuatro años ya tienen erecciones, y lo que hacen muchos es castigar a los chicos y decirles que eso es malo. Los niños deben recibir esa información, pero de manera adecuada a su edad y a su experiencia", dice Raguz y agrega que los chicos y chicas que reciben información sobre sexualidad desde pequeños o antes de haberse iniciado sexualmente, tienden a postergar su primera relación, y cuando esta se da, es deseada, protegida y no violenta. Aspilcueta advierte que aún hoy algunos padres llevan a sus hijos a "debutar" con una prostituta, algo lamentable ya que nadie debería tener una relación sexual por obligación o para que otro (el padre) no dude de su hombría. Esa misma moral lleva a los padres a proteger la virginidad de las niñas hasta el matrimonio. "Hay una doble moral. Damos ‘información’ ilimitada para ejercer su sexualidad a un varón, pero a la mujer les inculcamos no ejercerla", dice Aspilcueta. LIBERTAD NO ES LIBERTINAJE El mayor prejuicio contra la educación sexual es que el conocimiento estimula a la práctica. Es decir, que al hablar de educación sexual en los colegios o normarlo como curso obligatorio e integral, se está dando licencia para que chicas y chicos salgan corriendo a tener sexo. "Estas ideas prosperan en países donde la religión o los sectores conservadores tienen poder. El Perú es un estado laico, pero todo nos hace pensar que el tema de la educación sexual es una papa caliente. Me pregunto si preferimos seguir cruzados de brazos frente a las violaciones de menores y la violencia contra la mujer. Esto pasa porque no hay una educación sexual integral y abierta, promovida desde el Estado y la sociedad", dice María Raguz. "Lo que se pretende es empoderar a los y las jóvenes. He escuchado a gente decir barbaridades: si no se distribuyesen condones los jóvenes esperarían hasta el matrimonio para tener sexo, o que si una escolar se embaraza está bien que la boten del colegio porque da mal ejemplo. Esas ideas hay que desterrarlas", agrega. María Raguz propone una cultura sexual con autoestima, capacidad crítica, reflexión, ya que estamos hablando de la sexualidad como un derecho humano. "No hay que temerle a una educación sexual integral. Eso no nos hará un estado libertino. La educación sexual no promueve la pedofilia, la homosexualidad o la promiscuidad. La gente se muere o se trunca la vida por ignorancia. Es inmoral negarles ese derecho a los jóvenes", afirma Raguz. Ella les dice a los padres y madres que es hermoso hablar a los chicos de sexualidad y que no hay nada malo en disfrutarla a plenitud, en libertad y sin culpas; claro, sabiendo también que puede traer consecuencias, y que hay que asumir responsabilidades. POR UNA SEXUALIDAD PLENA Y PLACENTERA Más de veinte organizaciones y redes juveniles agrupadas en la alianza "¡Sí podemos!", entre los que se encuentran Inppares, Manuela Ramos, Amnistía Internacional, Redess Jóvenes, Demus, Mesa de Adolescentes y Juventud, entre otros, han revisado y validado los lineamientos de la Educación Sexual Integral (ESI). Desde diciembre del año pasado estos lineamientos que debieran regir desde el año 2008 hasta el 2011 están a la espera de ser aprobados por el más alto nivel: el Ministerio de Educación y la Presidencia del Consejo de Ministros. Lo que hacen estos lineamientos es normar una política nacional que permita que niños, niñas, adolescentes y jóvenes cuenten con las capacidades para desarrollar una sexualidad plena y placentera durante todas las etapas de la vida. MITOS QUE DESTERRAR • No te toques, la masturbación es mala El doctor Daniel Aspilcueta asegura que decirles a los chicos y chicas que no se toquen los genitales le otorga a ese acto una connotación negativa, culposa, cuando se trata de una forma de explorar y conocer nuestros cuerpos. "No da cáncer ni produce locura, TBC o ceguera", dice el especialista. • Esperar a que sea grande para hablarle de sexo "La edad ideal para hablarle de sexo a nuestros hijos es siempre. La sexualidad no es la misma en la niñez, en la adolescencia, en la adultez o en el adulto mayor, nunca temirnamos de aprender", dice el doctor. Claro que depende de la edad de la criatura para saber qué tipo de información se le va a dar, pero hay que olvidarse de aquello que a los niños los trae la cigueña o que vienen de París. • La primera vez no te embarazas Lo más absurdo. El aparato reproductor masculino fabrica espermatozoides permanentemente, y las eyaculaciones en general tienen la suficiente cantidad de espermatozoides para embarazar. Las mujeres tienen un ciclo menstrual que hace que no sean fértiles todos los días, y no tiene que ver con el deseo o con el enamoramiento. Si toca el periodo fértil, así sea la primera o la décima vez, una chica se puede embarazar. • La homosexualidad es un mal contagioso Nadie ha demostrado que sea una enfermedad. Probablemente tiene que ver con la formación de la identidad sexual. De otro lado, que un heterosexual esté rodeado de homosexuales no lo vuelve homosexual, y viceversa. • Con doble condón y más pastillas anticonceptivas, protección infalible Si una chica toma más pastillas de las indicadas, lo único que va a tener es un desorden hormonal. Y si un chico se pone doble condón, lo que puede originar es que se rompan por la fricción Fuente: http://www.larepublica.com.pe/content/view/212063/ |